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El Brujo: De místicos y pícaros

EL BRUJO

    presenta

De místicos y pícaros

Cuadro Artístico

 

Fotografía                     Fran Ferrer

Diseño Gráfico             Trébol Propuesta Gráfica

Música                         Fragmentos Clásicos

Director Musical          Javier Alejano

Diseño de Iluminación        Miguel Ángel Camacho

 

 

Violín: JAVIER ALEJANO

 

Dirección                    Rafael Álvarez

 

 

Equipo

 

Directora de Producción                  Herminia Pascual

Jefe Técnico                  Oscar Adiego

Regidor                 Félix Fernández

 

 

Distribución                              Producciones El Brujo, S.L.

 

 

 

DE MÍSTICOS Y PÍCAROS

Hace unos meses tuve la oportunidad de visitar el museo egipcio del Cairo. Los turistas se agolpaban en las dependencias de la tumba de TutanKamon y los guías, como juglares modernos revivían el aroma de la leyenda fantástica y esotérica que rodeó episodio. Pregonaban en todos los idiomas del mundo los pormenores del descubrimiento. Había mucha gente de muchas razas y colores. El trasiego era constante, recordaba la navidad en Occidente en unos grandes almacenes.

 

Yo estaba cansado y por un instante, distraído, fijé mis ojos en unas figuritas pequeñas, como estatuas de juguete: eran unos egipcios amasando pan. Pregunté al guía que instruía nuestra visita,  y me explicó que estos panaderos habían quedado inmortalizados con el faraón. Sus imágenes garantizaban la supervivencia de éste en el más allá. Cuando el faraón despertara del sueño de la muerte, ellos estarían allí, pues el faraón para vivir en el otro mundo necesitaría PAN, y así, estos panaderos pequeñitos, con el pretexto de suministrárselo asegurarían de paso, su propia supervivencia.  Finalmente, gracias al pan, todos inmortales.

 

En ese momento tuve la idea de hacer este espectáculo.

 

El hambre es la metáfora esencial que une a los pícaros con los místicos. Un gato rabioso que se agarra a las tripas y no hay manera de que las suelte. Para ello no hay medicina sino es esta del pan. El pan que da la vida.

 

Encontré la respuesta en Santa Teresa y su hambre insaciable y en el gran  Antonio López, que lo expresó de esta manera:  “si un italiano pinta una seda es más seda que la propia seda pero un pintor español, pinta un nabo y pinta el universo.

 

Suspirando por los bollos del avariento clérigo El Lazarillo podría haber dicho:

 

Vivo sin vivir en mí

y tan alta vida espero

que muero porque no muero.

 

Lazarillo, Guzmán de Alfareche, pícaros hambrientos ávidos de este pan real; ese infeliz Don Pablos, que intentando demostrar su condición caballeresca, terminará asumiendo su condición de marginado, de hambriento. Estos místicos sedientos de amor, este hambre eterna de amor eterno; los unirá a todos frente a una ya muy vieja arca, el arca por la que El lazarillo todavía suspira.

 

 

 

Rafael Álvarez

 

 

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