Colección del Centro de Fotografía de la Universidad de Salamanca
Patio de Escuelas. Sala Centro de Fotografía
18 de diciembre – 8 de febrero de 2009
De martes a sábado, de 12 a 14 h. y de 18 a 21 h. Domingos y festivos de 10 a 14 h.
De la ciudad a la naturaleza, el paisaje como género fotográfico muestra en las dos últimas
décadas una tendencia imparable hacia el registro y el testimonio de la pérdida, sentimiento
que ha venido acompañado de un interés cada vez mayor por dar cuenta de las impurezas
y las contaminaciones visuales que delimitan y condicionan la construcción de esa mirada
o articulación visual que denominamos paisaje. La colección del Centro de Fotografía de
la Universidad de Salamanca cuenta entre sus fondos con una serie de destacadas obras que
dan buena cuenta de ese proceso.
La conciencia de pérdida de una mirada estable sobre nuestro entorno señala el comienzo
de una mirada reflexiva cada vez más atenta a lo que significa el fin de los paraísos, de la
pureza, para dejar paso al reconocimiento de una inestabilidad inherente al crecimiento de
las ciudades, al deterioro de los recursos naturales, a la contaminación de estilos e influencias,
al consumismo, la “disneificación” o el turismo global. Así, no es extraño que una atmósfera
nostálgica se adueñe de muchas de las imágenes que tratan de registrar los restos de
las ciudades cuya desaparición es inminente o la permanencia de una naturaleza en estado
puro. Pero la realidad se impone. Las ciudades aparecen inevitablemente asociadas a procesos
de construcción-destrucción: grúas que describen y delimitan el crecimiento, edificios en
ruina o en desuso, fragmentos de naturaleza que se cuelan en el paisaje urbano, diseños
urbanísticos semejantes a decorados de película,…
La memoria de lo que se disuelve en el curso de la historia o la ilusión de los paraísos perdidos
es la otra cara de esa permanente mutabilidad sobre la que se asienta hoy la construcción
del paisaje. La búsqueda de los depósitos temporales que acumula el territorio o el reconocimiento
de la influencia de modelos iconográficos bien asentados en el imaginario colectivo
sobre nuestra manera de percibir el espacio natural, no dejan de ser, pese a todo, un
anuncio de nuestra derrota ante el paisaje.
Los procesos subjetivos de contemplación siempre han sido un fiel refugio para la mirada y
la aprehensión de lo que nos rodea, y una vía para intentar retener aquello que creemos
estar perdiendo. El sueño, la expansión de la esfera íntima o lo fantasmagórico son mecanismos
de construcción de lo ilusorio, pero no por ello son procedimientos menos fieles a la
hora de dar cuenta de nuestra experiencia, que aquellos que se dirigen hacia la visualización
de una dialéctica del cambio y la mutabilidad.
