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La música hecha pedazos. Arte sonoro bajo la alargada sombra de FLUXUS

del 23 de enero al 11 de abril de 2025. sala de exposiciones del edificio cie

Del 23 de enero al 11 de abril de 2025

Sala de exposiciones del edificio Centro Internacional del Español

 

Horario

De lunes a viernes de 12:00 a 14:00h y de 17:00 a 20:00h

 

Después de la destrucción viene el silencio. Un instante mínimo, casi imperceptible, que bien por su intensidad o por contraste sonoro, ensordece la sensación del espacio donde se comete el acto, enmudece al público y comienzan a surgir las sensaciones (Iker Fidalgo)

 

Tomando como punto de partida el dadaísmo, el surrealismo y el arte conceptual, el movimiento FLUXUS nace, informalmente, en el festival de Wiesbaden en septiembre de 1962 bajo el impulso del artista lituano George Maciunas, como un “juego entre conspiradores” en el que se hace dialogar la música, las artes visuales, el arte sonoro, la poesía experimental, la acción performativa y el videoarte.

Esta “visión expandida de las artes” se materializó en iconoclastas happenings de contenido sonoro-musical que incluían puestas en escena poco ortodoxas que, a menudo, finalizaban con el violento sacrificio de los instrumentos. En FLUXUS, no importa el virtuosismo instrumental sino “la atmósfera sonora que se crea tras cada ruptura (…)” por eso, cada vez que se prende fuego a un piano, se arrastra un violín por el suelo o se rompe el mástil de una guitarra, el acto enmudece al público, pero luego, cada una de estas acciones puede llegar a convertirse en un poderoso dispositivo de reflexión.

FLUXUS podría ser considerado en este sentido como el primer movimiento de vanguardia originado en el campo de las artes visuales que se infiltró -como un Caballo de Troya- en el territorio de la música culta utilizando sus códigos, sus métodos de composición e interpretación e incluso sus sistemas de notación, -para violentarlos y deconstruirlos desde dentro- aunque sin renunciar a las posibilidades de redefinir el “arte de la escucha”, por lo que, como se puede apreciar en esta exposición, su producción discográfica fue muy abundante.

Los artistas FLUXUS intentan sacar a la música de su zona de confort, por lo que, tanto sus “conciertos” como sus grabaciones fonográficas se nutren de exploraciones procesuales del sonido, la materia, el tiempo y la acción corporal; pero además, se posicionan críticamente frente a la veneración del intérprete, la inviolabilidad de la partitura o la sacralización del instrumento y la sala de conciertos.

La violenta destrucción de instrumentos conlleva, en este sentido, un aporte simbólico que ha sido convertido en estrategia procesual por decenas de músicos de diferentes épocas, tanto de la vanguardia experimental como de la música popular. Por todo ello, las obras y grabaciones discográficas seleccionadas para algunas secciones de la exposición La música hecha pedazos intentan poner al descubierto los hilos invisibles que conectan las acciones performativas de artistas FLUXUS como Wolf Vostell, Annea Lockwood, Nam June Paik, Milan Knížák, Benjamin Patterson o Charlotte Moorman con las grabaciones y puestas en escena de músicos de rock como Jimi Hendrix, The Beatles, Lou Reed, The Clash, Einstürzende Neubauten, o Sonic Youth.

Al mismo tiempo, tal y como se aprecia en los procesos creativos de artistas como Yoko Ono, La Monte Young, Alison Knowles, Dick Higgins, George Brecht, Robert Filliou, Ben Vautier o Philip Corner, sus obras se apartan en ocasiones del mundo de la música “audible” y se dirigen al de la “música visual” o al de la “acción sonora” en radicales composiciones que se presentan en forma de “eventos”, «conciertos de lo cotidiano» o simplemente: “la música de la acción que anima las cosas”.

En una genealogía que viaja de Yoko Ono a Chistian Marclay, pasando por Brian Eno o Talking Heads, muchas obras surgidas bajo la alargada sombra de FLUXUS, están diseñadas como partituras para ser “leídas” como si fueran un “manual de instrucciones”, que dejan un gran margen de libertad a cada interprete. Son composiciones “musicales” (o no) que pueden ser ejecutadas por artistas formados en un conservatorio; pero también por “intérpretes” que no son músicos.Música como tiempo, pero no necesariamente como sonido”, aunque, “siempre estamos oyendo algo”, como decía George Brecht.  

 Huelga recordar que los artistas vinculados a FLUXUS son ”nietos de Marcel Duchamp” e “hijos de John Cage”, con su tratamiento desconcertante del “piano preparado”, su uso del azar, su descodificación de “la música como idea” o su equiparación de todos los sonidos audibles -convirtiendo el ruido y el silencio (o su ausencia) en parte esencial de la creación musical-. “La música hecha pedazos” se plantea, por tanto, como memoria excepcional de un movimiento que, aún, llevando en su ADN la perpetua amenaza de autodestrucción, puede ser reconocido como la última gran vanguardia del siglo XX.

F. Javier Panera Cuevas

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