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La furia de las imágenes. Bogdan Chaikovskyi

9 mayo - 12 de octubre 2025. SALA DE EXPOSICIONES patio de escuelas

Del 9 de mayo al 21 de septiembre de 2025

Sala de exposiciones Patio de Escuelas

Horario 

Martes a sábado de 11 a 14h y de 17:30 a 20:30h

Domingos y festivos de 11 a 14h

Lunes cerrado

Bajo el título La furia de las imágenes, tomado de un ensayo publicado por Joan Fontcuberta en 2016, hemos reunido un conjunto de trabajos realizados por el artista de origen ucraniano Bogdan Chaikovskyi (Lviv, 1998), que pone sobre la mesa la supervivencia de la práctica pictórica en la era de Internet y las redes sociales.

En un ecosistema audiovisual hiper-tecnificado marcado por la inflación icónica, la circulación promiscua de la información y la dictadura del algoritmo, los monumentales polípticos de este artista nos interpelan sobre el lugar que puede ocupar la pintura dentro de este nuevo régimen escópico.

En un momento en que la tecnología desdibuja los límites de los derechos de autor, cada vez son más las voces que señalan que el artista contemporáneo —incluso cuando está dotado de un insoslayable virtuosismo técnico como Bogdan Chaikovskyi— no tiene por qué enfrentarse heroicamente al temible «lienzo en blanco», sino que puede comportarse —tal y como recomendaba Bourriaud— como un aplicado gestor de información, que utiliza «la historia del arte como caja de herramientas»

La idea del pintor como «prosumidor» (consumidor y postproductor de imágenes) que trabaja indistintamente con referentes de la alta cultura y la cultura popular tiene en la omnipresente conectividad de Internet una herramienta que condiciona, tanto los procesos creativos (la apropiación, la cita, la remezcla, el remake) como los imaginarios iconográficos. Bajo esta premisa, Bogdan Chaikovskyi basa una parte significativa de su trabajo en la reapropiación heterocrónica y fragmentaria de obras pictóricas del pasado y en la recodificación de algunos de sus elementos icónicos más reconocibles. Esta estrategia se hace evidente en monumentales dípticos y trípticos en los que se asocian reproducciones al óleo de famosas obras de Ribera, Velázquez, El Greco, Rubens, Luca Giordano o William Bouguereau con citas irónicas al imaginario pop, la cultura de los videojuegos o —tal y como se aprecia en muchas de las 72 imágenes que integran su mosaico «Fall»— a los memes e imágenes virales que encontramos en Internet cada vez que nuestra mirada queda atrapada en una compulsiva sesión de scrolling.

En esta «pintura post-internet» prima la repetición y el coleccionismo hiperbólico de imágenes ordenadas en estructuras reticulares que recuerdan las pantallas multi-ventana de redes sociales como Instagram, Pinterest o Flickr en las que no hay jerarquías  temporales y prevalece la promiscuidad formal e iconográfica.

Huelga decir que estas reproducciones (pictóricas y serigráficas) no deben ser vistas como un expolio, pues funcionan casi siempre en clave alegórica y —como ya anticipó Walter Benjamin— re (y de) construyen el pasado de un modo no diacrónico.

En la serie «Víctimas y victimarios» hay un dibujo en color de 30 x 40 cm que vemos junto a estas líneas, que reproduce con extraordinario verismo un detalle de una fotografía del cadáver de Ernesto «Che» Guevara, tomada por Marc Hutten en 1967 en una morgue, horas después de que el guerrillero argentino fuera abatido. Chaikovskyi encontró dicha imagen en Internet y no le costó detectar que la composición, encuadre y textura de la misma, estaba, sin duda, inspirada en representaciones pictóricas de Cristo yacente de los siglos XVI y XVII, contribuyendo con tal asociación iconográfica a la mitificación martirológica del guerrillero.

Se podría decir, en suma, que con su giro icónico Bogdan Chaikovskyi imparte una suerte de «justicia poética» sobre las imágenes y restituye a la pintura lo que la fotografía le ha robado, pero, además, demuestra que en la cultura «pantallocrática» toda imagen es siempre «imagen de otra imagen».

La neobarroca recolección de «imágenes furiosas» que Bogdan Chaikovskyi nos brinda a través de su práctica pictórica se posiciona dentro de aquellas estrategias orientadas a explorar las vertientes patológicas del mimetismo, puesto que es imposible ver sus citas, apropiaciones y simulacros sin pensar en el original, con lo que se somete al espectador a una distancia que no solo es perceptiva, sino sicológica, afectiva y, en última instancia, política.

F. Javier Panera Cuevas

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