11 de septiembre – 5 de octubre de 2025
Espacio de Arte Experimental. Hospedería Fonseca
Horario:
Martes a sábado de 11:00 a 14:00h y de 17:30 a 20:30h
Domingos y festivos de 11:00 a 14:00h
Lunes cerrado
Existen territorios donde la infancia se estanca, se olvida. Atravesando el suelo se sitúa en los márgenes, en los bajos fondos, en el olvido. Se busca observar y analizar cómo la arquitectura, lejos de ser un refugio, se convierte en un mecanismo de expulsión y como las formas en que el espacio urbano abandona y borra de su memoria a los cuerpos más vulnerables. Se muestra el anhelo de infancia que queda atrapado en los márgenes.
Casos como el de los niños de la estación del Zoo, en Berlín, o el fenómeno quinqui, en España se convierten, en este proyecto, en detonantes para reflexionar cómo se construye (o se destruye) una infancia cuando los muros expulsan. Investigar y comprender estas historias deja un vacío, atraviesan este trabajo desde su origen, generando la necesidad de mostrar estos relatos, espacios y situaciones desde la sensibilidad y la crítica, dentro del marco del arte contemporáneo.
No se persigue un análisis distante, sino una implicación directa con el temblor que deja el contacto con estas vidas. Cada testimonio, imagen y dato golpea como una verdad que quiso ser enterrada bajo capas de urbanismo y silencio. Lo que se despliega aquí no es solo un trabajo artístico, es un método para sostener lo insoportable, para cargar con la memoria a la espalda y crear un espacio de escucha donde otros puedan sentir también en la mirada, en la carne, en la conciencia lo que se ha querido negar. Desgarra, emociona y apuñala pensar que el espacio urbano puede determinar el destino de una infancia. Por tanto, frente a esta violencia estructural, la práctica artística se convierte en una forma de resistencia, en un espacio de memoria y de reflexión. Este proyecto se posiciona desde el temblor, desde la rabia contenida, desde la memoria colectiva. Busca hacer visible lo que incomoda, lo que duele: esa herida que debería haber sido cerrada y que, sin embargo, sigue sangrando, sigue resonando, continúa.
Como señala Didi-Huberman (2011), «no se trata de mostrar lo que ya se ve, sino de hacer visible aquello que ha sido relegado al no-ver».
En esta línea, la práctica artística que aquí se desarrolla tiene como objetivo visibilizar, desde la crítica y la sensibilidad poética, realidades que han sido sistemáticamente desplazadas. No se trata de documentar ni de representar de manera literal, sino de activar un espacio simbólico y sensorial donde sea posible comprender, conectar y sentir. Por ello, se construye una mirada que entrelaza lo político con lo íntimo, lo espacial con lo emocional. La metodología combina el análisis y la revisión de archivo con una exploración artística basada en la instalación, el objeto y la materia encontrada. Estos materiales son transformados, destruidos o ensamblados, generando estrategias formales que responden a la imposibilidad de representar aquello que ha sido negado.
El proceso de creación se convierte, así, en una forma de resistencia cocinada lentamente: mediante gestos cuidadosos, fallos, pruebas, escuchas y transformación simbólica. Cada pregunta estética nace de una pregunta ética. Cada forma, textura y estructura responde al porqué de su existencia. Cada material lleva consigo una carga: de memoria, de territorio, de abandono. Este trabajo no busca romantizar ni estetizar el dolor, pero sí dotarlo de presencia. De cuerpo. De lugar.
Nenyure Llamas Cuesta
