Del 24 de octubre de 2025 al 15 de febrero de 2026
Sala de exposiciones Patio de Escuelas
Horario
Martes a sábado de 11:30 a 14h y de 17:30 a 20:30h
Domingos y festivos de 11:30 a 14h
Lunes cerrado
Con el desarrollo de la Web 2.0 y lo que autores como Gilles Lipovetsky (2009) han denominado «sociedad pantallocrática», la práctica pictórica se está viendo afectada en sus procesos creativos y sus imaginarios iconográficos por las «poéticas de la conectividad» y las dinámicas socio-afectivas de las redes sociales.
Una estrategia común dentro de la singular producción de Ana Riaño, -agrupada en las últimas dos décadas del siglo XXI bajo el genérico título: RRSS-, es lo que podríamos denominar la «pintura como interfaz», que consiste en representar sobre el lienzo -o sobre el papel-, una captura de pantalla que, unas veces documenta y otras evoca, con extraordinaria verosimilitud, un momento concreto de la navegación online.

Ana Riaño. Marie-Guillemine Benoist
En los primeros cuadros de esta serie nos enfrentábamos a «pantallazos» con «estados», «perfiles» y publicaciones (reales) obtenidos en redes sociales como Twitter o Instagram de artistas vivos (algunos muy conocidos como: Barbara Kruger, Maurizio Cattelan o Banksy) y de agentes culturales del sistema del arte (galeristas, críticos, directores de museos, coleccionistas…) que funcionan como «documentos» en los que se congela el tiempo de las imágenes fugaces de las redes sociales y se subraya la doble condición del artista como «prosumidor» (consumidor y productor de imágenes) y retratista del «espíritu de su época».
Esta «pintura post-Internet» sería la respuesta «física» a un tiempo históricamente «líquido» cada vez más difícil de aprehender. Al transformar la imagen digital en materia pictórica, aquella pierde sus dos señas de identidad más significativas: su carácter mutante y su capacidad de interacción con los usuarios; pero, a cambio, se inviste de un cierto «aura» y de un paradójico «anhelo de permanencia» que invita a la pintura a salir de su zona de confort y a participar de las dinámicas de las «narrativas transmedia».
Pero a partir de 2016 la serie RRSS ha dado un sorprendente giro hacia la «pintura de historia». Se trata de un experimento retroactivo –y de alguna manera ucrónico– mediante el cual Ana Riaño reproduce sobre lienzo versiones inéditas (también podríamos considerarlas «póstumas») de páginas de Facebook de grandes maestros de la historia del arte a los que admira (sobre todo, de mujeres a quienes la historia olvidó, o que quedaron eclipsadas por los hombres) fantaseando con preguntas como:
¿Qué papel habrían tenido las mujeres artistas, hoy apartadas de la historia del arte, si hubiesen podido expresarse a través de las redes sociales?
Bajo esta premisa, Ana Riaño ha pintado monumentales lienzos con «capturas de pantalla» sorprendentemente convincentes, de los supuestos estados de Facebook, Twitter e Instagram de artistas como Sofonisba Anguisola, Artemisia Gentilleschi, Élisabeth Vigée Le Brun, Marie Guillemine Benoist, Camille Claudel, Berthe Morisot, Dora Maar, Tamara Lempicka o Ana Mendieta.

Ana Riaño. Elisabeth Vigée Le Brun
Antes de pintar cada uno de estos cuadros, la pintora realiza una concienzuda investigación sobre la biografía de las artistas a fin de volcar en sus singulares «estados de Facebook» información sobre sus amistades, sus supuestos gustos, el proceso creativo de sus obras «en tiempo real» o publicidad y «noticias de época», logrando de esta manera que la realidad y la ficción verosímil se fusionen en un mismo plano de significado que desafía el tiempo histórico.
F. Javier Panera Cuevas
