Marta Eguilior, dirección escénica y artística
Intérpretes: Carmen Conesa, Ricardo Barrul y Nuria Pérez
Cuarteto Seikilos
Ivan Gornemann, Pablo Quintanilla (violines)
Adrián Vázquez (viola)
Lorenzo Meseguer (violonchelo)
Betitxe Saitua, diseño de vestuario
Marta Eguilior, diseño de iluminación
Sarai Núñez, caracterización y prótesis
Producción

Melodrama en un acto y ocho escenas con libreto de Friedrich Wilhelm Gotter (1746-1797).
Estrenado en Leipzig el 1 de mayo de 1775 (versión en castellano)
"Medea", es un melodrama -un híbrido entre música, recitación y gesto que surgió en el siglo XVIII- con la música de Georg Anton Benda (1722-1795) y el texto de Friedrich W. Gotter, que se basa a su vez en la tragedia homónima de Eurípides, siendo en la época de su estreno alabada por el mismísimo Mozart.
"La pieza que vi fue la Medea de Benda […] es realmente excelente. Benda siempre ha sido mi favorito, y me gustan tanto sus obras que las llevo conmigo […]”
Con estas palabras describía Mozart en 1778 el entusiasmo que le había causado la representación vienesa de este melodrama, por entonces un género incipiente.
La versión dirigida por Marta Eguilior utiliza el texto y la música originales del siglo XVIII, pero la representación acaba siendo de lo más contemporánea y singular, acercándose por momentos a la estética de la performance corporal.
Su propuesta escénica -avalada el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y la Fundación Juan March- propone una nueva lectura del mito clásico, que fusiona la figura de Medea (la madre que asesina a sus hijos para vengarse de la infidelidad de Jasón, su marido) con el símbolo de Luperca, la loba que amamantó a los fundadores de Roma, Rómulo y Remo.
El recorrido del texto y la música (multipresente en escena con el formidable cuarteto de cuerda Seikilos) nos conducen invariablemente a una región fantasmal donde la muerte de sus hijos se enfrenta con la desesperación de una mujer rechazada por un hombre que prefiere a otra más joven...
“Medea ha sido juzgada y declarada culpable de ser la peor madre del mundo, sentenciada durante siglos en una historia que se nos ha hecho creer como cierta. […] ¿Por qué nos ha llegado su historia de este modo, alentando la violencia vicaria? En el caso de mi propuesta escénica, no será así […]” apunta Marta Eguillor.