Horario:
Martes a domingo de 10:00 a 14:00 h y de 16:00 a 20:00 h
Lunes cerrado
El blanco intermitente en la Tierra es responsable actor de su propia historia. Hielo, tectónica, océano y atmósfera, añadiéndose una biosfera en progresiva complejidad, interaccionan de forma cómplice para modelarla.
Las primeras heladas del Proterozoico inauguran la presencia discontinua del hielo en nuestro planeta hace 2400 millones de años.
Millones de años después, cuando ya una extensa biosfera de procariotas habita el gran océano de la Panthalassa, nuevos hielos se desarrollan. Entra, entonces, la Tierra en un periodo conocido como el Criogénico (ca. 750 – 635 Ma), donde no habrá glaciaciones efímeras, sino una extensa glaciación —la gran snow ball— que durará más de lo que podamos imaginar, ni más ni menos que 300 millones de años de grandiosas nevadas que esculpen paisajes y transforman el antiguo continente de Rodinia.
Ya en el Ordovícico y Carbonífero (ca. 480 – 300 Ma), con ecosistemas consolidados en las plataformas de la naciente Pangea y en el propio continente, tienen lugar nuevas glaciaciones que tiñen de blanco el sur del mundo. Mantos gélidos, a veces reducidos, serán testigos silenciosos de la historia en la Tierra.
Cuando los azares de la tectónica aíslan el continente antártico y las demás masas de tierra emergida se enfilan hacia sus puestos actuales (ca. 30 Ma), los mantos blancos del sur se afianzan, extendiéndose incluso sobre las frías aguas polares. Aún tardará en reconocerse blanco en el norte.
No es hasta que los océanos comienzan su danza rítmica actual, hace 3 Ma, tras el cierre de la conexión entre el Atlántico y Pacífico y el establecimiento de la cinta repartidora de calor coveyor belt, cuando hace su aparición el hielo boreal. Finalmente, la combinación del escenario orbital con la propia dinámica terrestre dará lugar a las alternantes «glaciaciones» del Cuaternario con las que los humanos hemos convivido.
Esta exposición se enmarca en el desarrollo del X Simposio de Estudios Polares organizado por la Universidad de Salamanca, y acompaña la exposición Una mirada polar (Sala B de la Hospedería Fonseca).
Polos: tierras congeladas y mares inhóspitos en los que converge aventura, pasión y ciencia, frontera del planeta y del conocimiento. Límite y reto.
Un sinnúmero de científicos se acerca cada año, cada verano polar a sus aguas y témpanos, a su hielo y a los resquicios momentáneamente descubiertos, para tratar de dar respuesta a las innumerables preguntas que la Ciencia se obceca el realizar. Aparentemente triviales, convergentes en otras más sesudas, todas sustanciales.
Animales, plantas, microbios, rocas, aire, agua, hielo, historias de personas que deambulan o se acercaron en algún momento se examinan, y al tiempo se convierten en objeto curioso de microscopio, sofisticados instrumentos o mera contemplación, para materializarse en idea, representación, ecuación o mapa.
Tierras y mares remotos que quieren contribuir a explicar y explican el resto del mundo, su pasado, el presente y el tiempo por venir, aparentemente acelerado, veleidoso.



