Sala de exposiciones Cielo de Salamanca
Horario:
Martes a domingo de 10:00 a 14:00 h y de 16:00 a 20:00 h
Lunes cerrado
Mujeres encubiertas
La manipulación de las cubiertas policiacas durante el franquismo
En ocasiones los libros nos atraen por sus cubiertas. Constituyen su reclamo más vistoso y, sin ni siquiera abrirlos, nos hacemos una idea del contenido que guardan en su interior. Eso forma parte de la función del paratexto (lo que acompaña al texto).
De 1950 a 1975 se editaron en España unas 150 colecciones de novelas policiacas, que supusieron unas 9.000 obras (más unas 1.300 reediciones de los mismos textos con diferentes cubiertas). La mayor parte de ese universo iconográfico procedía de las revistas pulp que venían publicándose en EE.UU. desde los años veinte del siglo pasado.
En la España franquista, la incorporación de esas cubiertas llamativas y llenas de color contribuyó a una expansión sin precedentes de la literatura popular. Pero, en muchos casos, esas cubiertas importadas se transformaban. El elemento fundamental de la manipulación lo constituía el cuerpo de la mujer, que se tapaba y ocultaba de las formas más elementales. Hay que tener en cuenta que en la década de los 60 muchos escritores de novela negra norteamericana eran calificados en España como pornográficos y obscenos.
Precisamente, el contenido sexual fue una de las aportaciones de la novela negra norteamericana al género policiaco tradicional. En España, la censura oficial y la autocensura cercenaron ese aspecto de los textos, tanto traducidos como escritos en español. Y las cubiertas sufrieron igual destino.
No obstante, esta manipulación no fue un fenómeno ni unidireccional ni concentrado en un solo lugar: se produjo, en mayor o menor medida, en todos los países en los que se publicaba este tipo de literatura, bien para intensificar o bien para atenuar la carga sexual de las ilustraciones.
Esta exposición trata de mostrar cómo se manipularon las cubiertas de novelas policiacas durante el periodo 1950-1975 en España y en otros países de nuestro entorno. Y, como se verá, el cuerpo de la mujer acaba siendo también el cuerpo del delito.
