Sala Hospedería Fonseca
23 de mayo a 23 de julio de 2008
De martes a sábado, de 12 a 14 h. y de 18 a 21 h. Domingos y festivos de 10 a 14 h.
Esta exposición reúne las propuestas artísticas de Gonzalo Puch y Jacobo Castellano, bajo el
título común de la expresión que cierra el conocido texto de Charles Baudelaire, “La Moral del
juguete”. En este escrito Baudelaire realiza una reflexión sobre las actitudes que acompañan al
juguete, su naturaleza y el comportamiento de niños y adultos frente a la cuestión. Él acababa su
texto con un admirativo y abierto Puzzling question! que nos ha servido de punto de partida y provocación
para la propuesta artística que estos dos artistas realizarán en la Sala de exposiciones de
la Hospedería Fonseca. Ambos van a presentar algunas obras ya existentes que permitirán contextualizar
una propuesta que fundamentalmente va a consistir en el desarrollo de sendas instalaciones
específicas pensadas para el espacio de Fonseca.
Puzzling question! aborda dos prácticas artísticas en las que todo se juega, utilizando una
expresión de Didi-Huberman, entre lo inanimado del objeto y la animación de su puesta en práctica.
Dialéctica del objeto que envuelve y transforma también el espacio en el que el juego de la
animación tiene lugar. Operaciones de desmontaje y remontaje de objetos y superficies que tienen
por finalidad construir situaciones de apertura al conocimiento a través del juego. Las palabras
de Baudelaire resuenan alrededor de las propuestas de Gonzalo Puch y Jacobo Castellano:
violencia en el gesto, decisión en la forma, capacidad de abstracción, potencia imaginativa. Ambos
ponen a prueba nuestra capacidad para el juego como puerta y umbral de acceso al conocimiento
y la experimentación crítica.
POLVO
Si nos rascamos el brazo, la cara o cualquier otra parte del cuerpo, veremos como se desprenden
pequeñas partículas de piel que pasan a flotar por unos instantes en el aire para luego
posarse sobre el suelo, muebles u otros soportes. Para disfrutar de esta experiencia al máximo,
aconsejo buscar el contraluz de una ventana. Suele ser simplemente más vistoso.
Me atrae especialmente el saber que ese polvo que pisamos, barremos y con el que hacemos
montoncitos, es parte de nosotros. Seguramente no somos conscientes de ello al tirarlo a la
basura pero tengo claro que al hacerlo sentimos toda una liberación. Quizás nos desprendamos
de parte de nuestro pasado, quizás de algo que simplemente ya no necesitamos.
Especial mención merece el encuentro fortuito
con una mesa cubierta de este mismo desecho.
Es el momento en el que todos somos conscientes
de tener algo que decir y actuamos más o menos
de la siguiente manera: nos subimos la manga de
la camisa, respiramos hondo y con la puntita del
dedo sudorosa escribimos la mayor absurdez que
se nos pase por la cabeza. También podemos proclamar
el amor a nuestra pareja dibujando un corazón
o dejar constancia de alguna idea sublime. Da
igual, todo vale, es tu momento.
El deseo de inventar algo que no ha existido antes es el motor del arte. Esta necesidad
opera en nosotros como algo dinámico, es decir, vuelve una y otra vez; es como el sueño o el
hambre, algo que se parece a una constante vital. Después de tantos años de práctica, para entender
esto, es necesario entender los ritmos que conlleva: la duración de los procesos, la renovación
y la repetición. En mi caso, es una asociación con los ritmos visibles de la naturaleza y una
forma habitar con dignidad en el principio y fin de toda existencia. Así que cada año es como un
impulso nuevo, una esperanza que me pertenece tanto como siento que es heredada.
Baso mi trabajo en la construcción de espacios y la representación. Con enseres reales o
transformados configuro un lugar para que sea posible alguna actividad.
Por eso una y otra vez, con las mismas ideas, trato de aportar algo que no ha sido dicho antes.
Gonzalo Puch












